Cuando la caca no forma parte del currículo educativo

Los recortes en educación llevan a todo tipo de situaciones preocupantes como que los niños y niñas de tres años tengan que ir a solas al baño y nadie les enseñe cómo gestionar su higiene personalUna historia en primera persona que parte de la experiencia de un colegio de Sevilla para hacer una reflexión más amplia: ¿enseñamos a nuestros niños los colores pero no a gestionar la mierda propia?

Por Felipe G. Gil

Origen: Cuando la caca no forma parte del currículo educativo

Durante la presentación del curso 2016/2017 destinada a padres y madres que iban a ingresar a sus hijos de 3 años por primera vez en un colegio público de Sevilla, dos eran las maestras de infantil presentes en la sala. Una de ellas tenía una camiseta verde de la marea verde y no habló. La otra iba elegantemente vestida e intervino para decir «tenemos que dejaros claro que no estamos aquí para limpiarle el culo a sus hijos».

La frase inquietó a muchos de las madres y padres allí presentes. Muchos de ellos se habían afanado durante el verano en que sus hijas e hijos aprendieran a ir a solas al baño. Pero todo el mundo que tenga o haya tenido que criar a una personita de tres años sabe que incluso por una cuestión puramente física es algo prácticamente imposible: sus bracitos y manos apenas llegan al ano. La destreza que requiere limpiar un lugar tan recóndito es algo que lleva mucho tiempo y una pericia que no es nada sencilla de incorporar.

Lo cierto es que la primera reacción clientelar pero al mismo tiempo plenamente justificada por parte de padres o madres que aún no conocen la existencia de herramientas como los AMPAS, es desconfiar. Desconfiar de lo público. Muchas personas no tienen elección y simplemente no tienen dinero para siquiera plantearse una alternativa. Otros más afortunados sí tienen opción pero cuentan con la convicción ideológica de que un colegio público garantizará unos valores que otros quizás no. Pero la mayoría de padres y madres presentes sentimos lo mismo: temor por nuestros pequeños.

El mecanismo explicado en detalle y fuera de contexto es mucho más grave: si una niña se hace pipí o caca encima, la maestra no puede tocarla y debe llamar a los padres para que vengan a hacerse cargo de ella. De nuevo surgen muchas preguntas, ¿y si los padres trabajan a media hora en coche del colegio? ¿Y si en ese momento no pueden desplazarse? Al final, muchos de los temores de aquella primera reunión se fueron confirmando luego: los niños llegan muchos días manchados, mojados, escozidos, malolientes…

En el caso de nuestro cole, ningún responsable del centro explicó realmente el motivo de esto. En cambio, si se explayaron en otros de los «servicios de los que disponen los colegios». Por momentos era como si vendieran el colegio. Qué raro, tratándose de un colegio público. Pero una vez rascas un poco, descubres que los coles que no reciben niños van cerrando. Al igual que los coles que cuentan con población no censada (migrantes, fundamentalmente) reciben peor atención por parte de la institución que se hace cargo de la infraestructura. Vamos, que entre los colegios de Sevilla hay clases y hay relaciones de poder/competencia.

«El año pasado cada estudiante tenía que llevar su papel higiénico». Te cuentan y te escandalizas aún más. Al mismo tiempo no lo ves como algo ajeno o extraño en un contexto donde los niños y niñas de tres años no son ayudados para hacer caca. Y justo ahí es cuando decides investigar un poco y descubres el pastel: en los colegios existía la figura de los «Monitores», personas encargadas expresamente de este tipo de cuestiones que son consideradas de apoyo.

De repente pensar en la profesora que dijo «no estamos aquí para limpiarle el culo a sus hijos» cobra otro sentido. Te pones en su lugar mínimamente y piensas que no sería razonable dejar una clase de 24 pequeños a solas si uno tiene que ir al baño con cada niño o niña que tiene ganas de hacer pipí o caca. Y mas en una fase en la que muchas de las veces son falsas alarmas. Así que aunque repudies la frase, piensas: «Es algo sistémico». Entonces te paras a pensar: ¿será el único puesto que no está bien cubierto? Has oído que con más de la mitad del curso en marcha hay muchos niños con necesidades especiales que no están diagnosticados y que probablemente ni tengan personal especializado para hacerse cargo de ellos. En el caso de los colegios de Sevilla, el personal depende de la Junta de Andalucía. Para fijar conceptos y responsables de cada cosa.

Más allá de los dichosos recortes y cómo afectan a miles de familias en todo el Estado español (porque seguro que esto es algo que puede ser complementado con cientos de historias igual o peores) hace falta hacer una profunda reflexión sobre qué implica sustraer la caca del currículo educativo. La metáfora que eso construye sobre nuestra sociedad. Sobre el futuro que deseamos para esos niños a los que abandonamos a su suerte con uno de los elementos que nos hacen humanos. Sobre lo penoso que es enseñar los colores pero no a gestionar la mierda propia. Hay tantas metáforas en esa triste realidad.

La educación privada concertada debe ser corresponsable

Carlos Gamarra
maestro de Educación Primaria en Aragón

Origen: La privada concertada debe ser corresponsable

Asistimos a una polémica artificial alentada por los obispos, la patronal de colegios privados, la confederación empresarial y los partidos de la derecha -PP, PAR y Ciudadanos-, que han enrarecido y exacerbado un proceso habitual, reglamentado legalmente, como es la revisión temporal de conciertos educativos.

Contextualizando, un colegio concertado es un colegio de titularidad y gestión privada, cuya financiación es 100% pública. Así, además del sueldo a los profesores, un colegio privado concertado recibe fondos públicos que sufragan por completo los gastos de mantenimiento, funcionamiento, reparaciones y de pago al personal de administración y servicios. El Gobierno de Aragón abona las cuantías establecidas en la Ley Presupuestos Generales del Estado (que cualquier ciudadano puede consultar), además de otros suplementos adicionales.

Precisamente por estar sujeto a la total financiación pública, un colegio privado mantiene un acuerdo temporal con la administración, denominado concierto, que finaliza, dependiendo de la etapa educativa, cada 4 o 6 años, y que en Aragón concluye para todas estas etapas en el curso 16-17. Entre los criterios establecidos para que las aulas financiadas se renueven, la legislación refleja que los centros “satisfagan necesidades de escolarización y atiendan a poblaciones escolares de condiciones socioeconómicas desfavorables”.

El primer requisito es la clave del asunto. La bajada de la población escolar es un hecho en numerosos barrios y localidades. Es decir, aunque que se bajen las ratios, se van a necesitar menos aulas. Por ello, se requiere acomodar la nueva realidad demográfica a la oferta educativa en el próximo acceso a la escolarización en algunos centros educativos; nunca cerrando o dejando de financiar aulas ya existentes en funcionamiento. Pretender hacer creer que esta mínima adaptación supone acabar con la educación concertada no tiene ningún sentido, y los que lo han afirmado son los mismos que decían que el matrimonio homosexual acabaría con la familia. Además, nadie ha puesto en cuestión a familias ni a profesores; en ningún momento.

Lo que se plantea con seriedad es que ha llegado el momento de la corresponsabilidad por parte de los propietarios de estos centros privados, de racionalizar la nueva oferta en función de la necesidad poblacional actual. La pública ya lo ha hecho, y con creces. Fue duramente castigada por el PP-PAR en la legislatura anterior: descenso de un 18% en su financiación, 220 aulas menos -incluyendo cierres de colegios en el medio rural- y pérdida de más de 2.000 plazas docentes, como bien recuerdan los profesores interinos que perdieron su trabajo. Trabajo que no perderán los docentes de la privada concertada gracias a las jubilaciones y a los acuerdos vigentes de recolocación con la administración.

El segundo requisito para renovar un concierto es de justicia, equidad, sentido común y compromiso social. Un centro financiado completamente con dinero público no debería excluir a niñas y niños por su origen, necesidades educativas o condición económica. Algunos propietarios de estos colegios, donde abundan las congregaciones católicas, deberían hacer una profunda reflexión al respecto, porque la realidad, con datos oficiales en la mano, es que unos centros privados concertados cumplen y otros muchos no.

Así pues, colegios públicos y privados concertados deben estar en igualdad de condiciones. Igualdad a la hora de asumir el actual descenso demográfico, igualdad para escolarizar a todo tipo de alumnos e igualdad para impartir las enseñanzas de forma totalmente gratuita, sin cuotas obligatorias y con precios de comedor accesibles. Porque si entre todas y todos financiamos tanto los centros públicos como los concertados, también todas y todos deberían tener el derecho de poder escolarizar en cualquiera de ellos a sus hijas e hijos. Porque hay que conseguir una educación en igualdad, de calidad para todos; también en el medio rural, donde la escuela pública es la única que vela por ello. Porque deben ser los poderes públicos los que, con el propio dinero público, establezcan y aseguren una equilibrada planificación educativa en función de los intereses generales. ¿O acaso esta capacidad debe estar supeditada a los intereses particulares de entidades privadas?

Mueren los robots y la esperanza en las tareas de limpieza de Fukushima

Las tareas de exploración dentro de los reactores de la planta nuclear apenas ha comenzado y ya se enfrenta a serias dificultades

“Abe dijo que Fukushima estaba bajo control cuando fue al extranjero a promocionar la candidatura de los juegos olímpicos. En Japón todos podemos constatar que la situación no está bajo control”, cuenta un exingeniero nuclear

“Nos gustaría eliminar el agua contaminada en 2020”, afirma la empresa responsable

Origen: Mueren los robots y la esperanza en las tareas de limpieza de Fukushima

Cuando no habían completado ni una quinta parte de la misión, los ingenieros que hacían el seguimiento del progreso de Escorpión tiraron la toalla. El último robot que había sido enviado a las entrañas de uno de los reactores dañados de Fukushima Daiichi, y cuyo seguimiento se hacía por control remoto, dejó de enviar señales.  El combustible nuclear que se sobrecalentó cuando la planta sufrió una triple fusión hace exactamente seis años impidió que el robot avanzara.

Hace un mes, este robot de Toshiba, que tiene unos 60 centímetros de longitud y está equipado con un par de cámaras y sensores capaces de medir los niveles de radiación, fue abandonado a su suerte. El operador de la planta nuclear, Tokyo Electric Power (Tepco), intentó restar importancia al hecho de que otra misión de reconocimiento había fracasado. Esta última tenía el objetivo de determinar el estado actual y la ubicación exacta del combustible fundido. 

Aunque la misión no se completó, los responsables de la planta se limitaron a indicar: “Hemos obtenido información de valor que nos ayudará a determinar qué métodos son los más adecuados para eliminar los contaminantes del combustible”. 

Los contratiempos de Escorpión, cuya misión debía durar diez horas y solo duró dos, pusieron en evidencia lo complicado que es desmantelar Fukushima  Daiichi; una tarea sin precedentes. Un experto no ha dudado en afirmar que el desmantelamiento “escapa a la comprensión humana”.

El 11 de marzo de 2011 la planta nuclear se convirtió en el escenario del peor accidente nuclear desde Chernobyl, después de que un terremoto de magnitud 9 y un tsunami sacudieran esa región de Japón. Se podrían necesitar entre 30 y 40 años para desmantalerla, y el ministro de industria y comercio de Japón ha calculado que los costes podrían superar los 178.000 millones de euros. 

Esta cifra, que incluye las indemnizaciones que recibirán decenas de miles de personas que fueron evacuadas tras el accidente nuclear, prácticamente duplica la estimación realizada hace tres años. 

Radioactividad para matar a una persona en un minuto

El tsunami mató a casi 19.000 personas; la mayoría de ellas en la zona de Fukushima. Unas 16.000 personas que vivían cerca de la central nuclear se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Han pasado seis años y han sido pocas las que han podido volver a zonas que las autoridades consideran seguras.

Para Tepco está resultando casi imposible fabricar robots que sean capaces de entrar en las partes más peligrosas de los reactores de Fukushima Daiichi y permanecer el tiempo necesario para recabar información de valor. El escorpión, que se llama así porque lleva una cámara en su cola abatible, “murió” después de quedar encallado en un carril situado debajo del recipiente de presión del reactor. No pudo seguir porque los posos de combustible y otros desechos le bloquearon el paso.

Puede ser que este robot y otros anteriores también hayan sufrido los efectos de la radiación. Antes de perderse, su dosímetro indicaba que en el tanque de contención número 2 los niveles de radiación eran de 250 sieverts por hora; suficiente para matar a un humano en un minuto.

El responsable de la planta nuclear, Shunji Uchida, reconoce que Tepco ha conseguido una información “limitada” sobre el estado del combustible fundido. En declaraciones a the Guardian y a otros medios que visitaron la planta nuclear, explicó que “de momento solo hemos conseguido echar un vistazo y el último experimento con un robot no ha funcionado”.  Uchida admite que, por ahora, no tienen otro plan. 

Problemas con los robots al margen, el trabajo de exploración en los otros dos reactores, cuyos niveles de radiación son incluso superiores al del reactor número 2, ni siquiera ha empezado. Los responsables de la planta quieren que un pequeño robot resistente al agua entre en el reactor número 1 en las próximas semanas, pero todavía no se ha fijado una fecha concreta para enviar a un robot al reactor número 3, que es el que está en peores condiciones. 

Naohiro Masuda, presidente de la sección de desmantelamiento de Fukushima Daiichi, señala que quiere que se hagan nuevas investigaciones antes de decidir cómo sacar el combustible fundido. 

A pesar de todos los contratiempos, Tepco, tras consultarlo este verano con las autoridades gubernamentales, ha insistido en que empezará a extraer todo el combustible nuclear fundido en el año 2021, cuando se cumpla una década del desastre.

Sin embargo, Shaun Burnie, un experto nuclear que trabaja para Greenpeace Alemania y que está radicado en Japón, afirma que la planta nuclear se enfrenta a un reto “sin precedentes y que prácticamente escapa a la comprensión humana”. También asegura que las fechas que se marcaron para el desmantelamiento “nunca han sido realistas ni creíbles”.

La última exploración fallida del reactor número 2 “no hace más que confirmar esta realidad”, indica Burnie. “sin una solución técnica de cómo lidiar con las unidades 1 y 3, se han centrado en la unidad dos porque es la que parece menos difícil. La mayor parte de la información que la empresa y el Gobierno han compartido con los medios de comunicación y con el público es mera especulación y un cúmulo de buenos deseos”.

«El calendario actual para la eliminación de cientos de toneladas de combustible nuclear fundido, cuya ubicación y condición todavía no están claras, se basó en el calendario fijado por el primer ministro [Shinzo] Abe en Tokio y por la industria nuclear, no se basan en los hechos objetivos recabados sobre el terreno ni la ingeniería de sonido o la ciencia”, indica el experto.

900.000 toneladas de agua contaminada

Shunichi Tanaka, presidente de la Agencia de Regulación Nuclear Japonesa, no parece compartir el optimismo de Tepco en lo relativo a respetar el calendario fijado para el desmantelamiento. “Todavía es demasiado pronto para hablar en estos términos tan optimistas”, afirma. “De momento, seguimos avanzando a oscuras”.

A simple vista, se han hecho muchos cambios en Fukushima Daiichi desde la anterior visita de the Guardian, que tuvo lugar hace cinco años. 

Por aquel entonces, el sitio todavía estaba lleno de escombros. Las mangueras, las tuberías y los materiales de construcción cubrían el sitio, mientras que miles de trabajadores desafiaban los altos niveles de radiación para devolver el orden a la escena de un desastre nuclear.

Han pasado seis años y se han reforzado los edificios de los reactores dañados y ha sido posible sacar más de 1.300 conjuntos de combustibles gastados de la piscina de almacenamiento del reactor número 4. Han cubierto el suelo con un revestimiento especial para evitar que el agua de la lluvia se sume a los problemas de gestión de agua que ya tiene Tepco. 

Los trabajadores que antes tenían que ponerse un equipo protector cuando se dirigían hacia Fukushima Daiichi ahora pueden llevar ropa ligera y máscaras quirúrgicas en muchas de las zonas de la planta nuclear. Los 6.000 trabajadores ya pueden comer un plato caliente y hacer turnos para descansar en una caseta que fue habilitada para este uso en 2015. 

Sin embargo, cuando nos apartamos de la costa, las filas de tanques de acero son un recordatorio de uno de los principales enemigos de los esfuerzos de desmantelamiento: el agua contaminada. Los tanques frenan 900.000 toneladas de agua; una cantidad que pronto será de un millón de toneladas. 

Las paredes subterráneas de hielo de Tepco, que en el pasado se creían indestructibles y cuya construcción superó los 200.000 euros anuales, no han conseguido hasta la fecha evitar que las aguas subterráneas entren en los sótanos de los reactores y se mezclen con el agua refrigerante radioactiva. 

Yuichi Okamura, un portavoz de Tepco, reconoce que la estructura, que congela el suelo a una profundidad de 30 metros, todavía permite que a diario 150 toneladas de agua subterránea penetren en los sótanos del reactor [y se contaminen].

Se han mantenido abiertas expresamente cinco secciones para evitar que el agua de los sótanos de los reactores suba y se escape. “Tendremos que cerrar el muro de forma progresiva”, indica Okamura. “Nos gustaría que en abril el flujo de agua subterránea no superara las 100 toneladas diarias y nos gustaría haber conseguido eliminar el agua contaminada en 2020”. 

Los más críticos con las tareas de desmantelamiento y de limpieza señalan que en 2020 Tokio será la ciudad anfitriona de los juegos olímpicos. Consiguió convertirse en la sede olímpica después de que Abe afirmara ante el Comité Olímpico Internacional que Fukushima estaba “bajo control”.

Mitsuhiko Tanaka, un exingeniero nuclear de Babcock-Hitachi, acusa a Abe y a otros altos cargos del Gobierno de haber minimizado la ardua tarea de desmantelamiento con el propósito de que el público apoye sus planes de volver a poner en funcionamiento los reactores nucleares en todo el país. 

“ Abe dijo que Fukushima estaba bajo control cuando fue al extranjero a promocionar la candidatura de los Juegos Olímpicos, pero nunca ha hecho una afirmación parecida en Japón”, indica Tanaka. “En Japón todos podemos constatar que la situación no está bajo control”.

“ Si alguien del prestigio de Abe repite esta afirmación a menudo, se convierte en verdad”, lamenta Tanaka. 

Traducido por Emma Reverter