“Educar sin drogas”, ignorarlo todo

Cuando lo manda el destino, no lo cambia el más pintao, si naciste pa´ martillo, del cielo te caen los clavos…”

Una y otra vez resonaba en mi cabeza este exitazo del gran Rubén Blades, canción que no le quisieron grabar en más de una discográfica alegándole que era una canción con demasiadas letra, muy larga, para ser un éxito.

Desde hace cinco años aproximadamente, que es el tiempo que llevo tomando apuntes, ideas, bocetos y datos para mi último libro “Educar sin Drogas”, yo sabía que iba a pisar unos cuantos callos y que iba a haber personas que no lo iban a tomar nada bien. Efectivamente, no se puede escribir sobre cómo fortalecer a nuestros jóvenes para que no caigan en las garras de las drogas y pretender que los que viven de su fabricación, distribución, venta y adicción te miren con buenos ojos.

Alcohol, tabaco, cannabis y metilfenidato son las sustancias que elegí para el trabajo por dos motivos: son las drogas más cercanas al entorno de nuestro alumnado (como ellos dicen, les cuesta “cero coma” conseguirlas) y por ende las que más problemas nos van a causar. No en vano, durante el último año de escritura del libro sucedieron numerosos fallecimientos por intoxicación etílica; guardo especial lugar en mi memoria el caso de una niñita de doce años del que se dio la macabra coincidencia de que escuché la noticia en el justo momento que dibujaba una ambulancia llevándose a un niño intoxicado.

Pese a ser muy duro con el alcohol y mostrar lo que no dice la televisión de este país, que el alcohol está presente en infinidad de casos de violencia de género, robos con intimidación, violaciones y malos tratos, o que provoca una muerte cada diez segundos según la OMS, o que es la principal causa de muerte entre los jóvenes superando a nivel mundial a los fallecimientos provocados por VIH, violencia y tuberculosis, pese a ello, digo, la camarera que todas las mañanas me pone mi café solo sigue sonriéndome como el ángel que es. Nuestro gobierno, todos los gobiernos del mundo, resumen el problema del alcohol a un problema de tráfico: “si bebes no conduzcas”, lo que algunos de nuestros jóvenes entienden así: “cono no voy a conducir, me voy a poner ciego como un topo”. En mi libro, les ayudo a que le den unas vueltas a ese asunto de qué significa beber o no beber, les invito a pensar en consecuencias e incluso citamos al ministerio del ramo a hacer publicidad del estilo; si bebes, no maltrates, no violes o no pegues a tus hijos.

En cuanto al tabaco, o mejor dicho a la potentísima industria tabaquera, única empresa a la que se le permite vender su veneno sin necesidad de mostrar su composición a nivel mundial, más de 3000 sustancias, he de reconocer que me daba un poco de miedo el cómo se tomarían el hecho de que yo desvelara en el libro cuestiones como que vas a morir antes de los 65 sin ninguna duda como sigas fumando o que nadie investiga un tabaco que no mate porque parte del negocio es precisamente eso: quitarte de en medio cuando empiezas a costar dinero al erario público. Los gobiernos no lo promocionan, simplemente lo consienten ¿por qué? Y ya estoy haciendo demasiado spoilers porque es el gobierno, cualquier gobierno, el verdadero adicto al alcohol y al tabaco y eso le obliga a que una parte de nosotros también lo seamos.

Pero como no voy al estanco ni a por sellos, no temí ninguna respuesta airada de la estanquera de mi barrio.

El cannabis, siendo la única sustancia ilegal de las cuatro de las que hablo, sí que me puso un poco alerta, porque camellos y traficantes son personas que a mi al menos me imponen mucho respeto. A día de hoy, ningún traficante de hachis y maría se ha dirigido a mi con ánimos violentos por “espantarle clientela”, y además juego con la ventaja de que a dichas personas no se les suele ver mucho por las librerías, lo que sin duda es un punto a favor de que jamás sepan de mi. Además, la experiencia dice que diez de cada diez aprehensiones de cannabis en los institutos provienen del alijo familiar, de esa cajita que guardan los papás y mamás en algún lugar oculto de la casa.

Comprenderéis mi estupefacción cuando, de pronto, mi Facebook, algo que al final he entendido para qué sirve, se convierte en una especie de escupidera en la que una media docena de personas aproximadamente, vomitan sobre mi persona todo tipo de descalificaciones y comentarios que adjetivarlos de mal gusto sería demasiado eufemismo incluso para  Ned Flanders. Personas que tan solo habiendo leído el título “Educar sin drogas” y visto que una de las drogas es el speed o el nombre con el que ellas la conocen, “metilfenidato”, entran a cuchillo en descalificaciones e insultos, deseos de muerte y cosas por el estilo, insultando a mis hijos, todo con el ánimo de provocar en mi persona airadas respuestas que puedan emplear como no sé muy bien qué. Se enzarzan incluso entre ellas y tendría cierta gracia sin no fuera porque de vez en cuando aparecen vocablos como “linchamiento”, “boicot”, acusaciones de enriquecimiento personal (¡vendiendo libros!), me declaran oficialmente “ignorante”, en fin, todo bastante desagradable.

Pero lo mejor estaba por llegar. De pronto uno de ellos encuentra la prueba definitiva de que soy un farsante. En mi muro puede leer que soy músico y que entre otros grupos he tocado en la “Orquesta Skape”, grupo que dicha persona confunde con el grupo Ska-P y con el que a partir de ese momento me relaciona de forma directa. Y una vez que me hacen “miembro del grupo”, me atribuyen la composición de sus letras, sobre todo de esa que dice:

Y saco un papelillo, me preparo un cirgarrillo

Y una china pal canuto de hachís (hachís)

Saca ya la china, tron, venga ya esa china, tron

Quémame la china tron (no hay chinas)

Saco un papelillo, me preparo un cirgarrillo

Y una china pal canuto de hachís (hachís)

Saca ya la china, tron, venga ya esa china, tron

Quémame la china tron (…)

Y que como habréis comprobado, clama por la legalización del hachís entre otras cuestiones, legalización por cierto, de la que yo estoy totalmente a favor. Pero ¿Qué ocurre cuando les haces ver que tú no eres esa persona, que se equivocan y que aunque lo fueras, qué tiene que ver mi libro del que solo conocen el título “Educar sin drogas”, con los deseos de unos y de otros de legalizar el cannabis? Nada. Creyeron ver un martillo y fueron prestos a la ferretería a por un buen puñado de clavos. Y no ocurre nada, siguen a los suyo, que es tener razón a cualquier precio.

Seguiré en Facebook porque por ahora no encuentro otra manera de acordarme de personas olvidadas por esas vueltas que da la vida y a las que guardo un especial cariño. Y, por desgracia, siempre habrá pelmas. Un beso.

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