Resquicios legales que utilizan las pseudociencias

Existen normas en España que limitan la promoción y ejercicio de pseudoterapias, pero o bien no están claras o las autoridades no las hacen cumplir

Origen: Los resquicios legales que aprovecha la pseudociencia para extenderse en España. Noticias de Ciencia

Cientos de mensajes han llenado este lunes las redes sociales de peticiones al Ministerio de Sanidad para que tome medidas y regule la promoción y el ejercicio de pseudociencias en terapias alternativas que, en el mejor de los casos son ineficaces y en el peor, resultan peligrosas para los pacientes ya sea por sus efectos directos, porque favorecen el abandono de los tratamientos médicos o porque suponen un gasto económico inútil.

“No es justo que se prometan curaciones/sanaciones con métodos no científicos”, “Charlatanes que hacen negocio con la vulnerabilidad y el miedo”, “Si necesitas creer en una terapia para que funcione, es que no funciona”… Estos eran algunos de los mensajes publicados en esta campaña, junto con la denuncia de terapias y casos concretos de afectados por ellas.

Bajo todo ello se encuentra la misma queja: que las autoridades no hacen nada (o lo suficiente) para protejer a la ciudadanía de aquellos que emplean lenguaje y maneras pseudocientíficas para hacer negocio a costa de la salud. Cursos en universidades y centros educativos, productos pseudocientíficos en las farmacias, charlas divulgativas en espacios públicos y pseudoterapias en centros sanitarios son algunas de las manifestaciones pseudocientíficas para las que se pide una respuesta estricta y eficaz.

 

“Hay que empezar por aplicar la legislación que ya existe”, señala Fernando Frías, abogado y autor de La lista de la vergüenza, un blog en el que documenta y explica los coqueteos de las instituciones públicas con las pseudoterapias. Según Frías, en España existen leyes que regulan distintos aspectos de esta cuestión, pero la disparidad de competencias entre en Estado y las Comunidades Autónomas y la complejidad de cumplimiento de algunas de esas normas hacen que muchas veces sean obviadas o que sus procesos no se completen.

1. Pseudoterapias en las clínicas

Las bases y la coordinación de la sanidad en Espala competen al Estado, que es la que ha emitido las dos normas básicas que regulan esa cuestión, el RD 1277/2003, por el que se establecen las bases generales sobre autorización de centros, servicios y establecimientos sanitarios y la Lay 44/2003, de Ordenación de las Profesiones Sanitarias.

Según esos textos, cualquier actuación para la “conservación, mantenimiento y restablecimiento de la salud mediante el diagnóstico, la indicación terapéutica y el pronóstico o la prevención, recuperación y rehabilitación de disfunciones somáticas mediante el empleo de agentes físicos” son actuaciones sanitarias y están encomendadas a profesionales sanitarios, igual que los establecimientos en los que se realicen.

Frías explica que tal y cómo está redactada esta norma, da pie a cierta confusión de la que algunos se aprovechan. “Existe una interpretación, la correcta y la que utilizan los tribunales cuando los casos llegan hasta ellos, que señala que toda actividad sanitaria requiere de su correspondiente titulo o habilitación; y la otra, que defiende que si la lleva a cabo alguien no titulado, entonces no es una actuación sanitaria”. La norma, dice, debería ser más clara, pero sobre todo es necesario hacer que se cumpla.

2. Productos pseudocientíficos en las farmacias

Como explica Fernando Frías en La lista de la vergüenza, la ley define “medicamento como toda sustancia que se presente como proseedora de propiedades para tratar o prevenir enfermedades”, pero el Ministerio de Sanidad otrogó a los medicamentos homeopáticos la categoría de “medicamentos especiales”, con lo que no tienen que demostrar sus propiedades, solamente que son inocuos. Eso sí, establece que para venderlos deben estar autorizados y registrados.

En una disposición, ya derogada, del RD 2208/1999 se permitía la venta de medicamentos homeopáticos mientras se tramitaba su autorización, pero se establecía también que si terminaba ese plazo sin concederse esa autorización, esta se entendía denegada por silencio administrativo. El periodo terminó en 1995 sin que se hubiese concedido ninguna autorización, así que en ese momento terminó también la autorización provisional de venta. Después de eso, otro periodo de autorización de medicamentos homeopáticos se abrió en 2012. Solo cinco la obtuvieron.

ROCÍO P. BENAVENTE

Es decir, que solamente cinco medicamentos homeopáticos se venden de forma reglamentaria en España. Suso Fernández e farmacéutico comunitario y fundador de Farmaciencia, una iniciativa que defiende que solo medicamentos con eficacia científicamente demostrado se vendan en las farmacias. Él explica que la ley que regula su actividad es estricta y positiva (“solo se puede hacer lo que la ley permite”) y que según esto, vender productos de terapias alternativas en una farmacia no estaría permitido.

Sin embargo, es una práctica que se defiende y promociona desde algunos colegios farmacéuticos y otras instituciones de la profesión. “En la práctica, mientras no mates a nadie, y se pueda probar que la muerte se debe a tu intervención directa, aquí puedes hacer lo que quieras”, lamenta Fernández.

3. Pseudociencias en las aulas

La universidad, uno de los guardianes y dispensadores de conocimientos en la sociedad actual, debería ser territorio exclusivo de lo científicamente demostrado, pero a veces no es así. Las pseudoterapias no suelen formar parte de las enseñanzas regladas oficiales, pero encuentran agujeros para colarse por doquier en títulos propios, másteres, cursos, jornadas, cursos de verano y todas aquellas actividades educativas complementarias, tanto en las universidades privadas como, por desgracia en las públicas.

ROCÍO P. BENAVENTE

Aunque es un fenómeno duramente combatido tanto desde fuera como sobre todo desde dentro (muchas veces son los propios profesores y alumnos lo que protestan y piden la retirada de estos contenidos), las pseudociencias siempre vuelven a colarse en la universidad. Esto se debe a que cada centro tiene competencias para ofertar sus propios cursos, y en las instituciones más grandes es difícil que el órgano de gobierno controle y apruebe toda la oferta educativa.

“Las pseudoterapias, por ejemplo, no suelen cuajar en las facultades de Medicina, donde sería fácil identificarlas y vetarlas. Pero a veces llegan por otras vías, como las facultades de Educación o relacionadas, porque parecen un buen complemento para esos estudios”, explicaba Fernando Frías a El Confidencial.

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