Carta abierta a todos los médicos

Carta abierta a todos los médicos

Me habría gustado mucho que el timo del TDAH fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique, no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Pero el TDAH, ¡ay!, depende de los médicos. Y con esto ya está todo dicho… ¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se dedican a recetar metilfenidato para nuestros niños y niñas.

¡Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratar a la clase médica que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cercenar las mentes de nuestros estudiantes con terribles drogas para evitar que los niños se comporten como tales, sino que conviene expedientar a los médicos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias.

Desde que he conocido la realidad del TDAH, debo confesar que mi vida es un infierno, que desde siempre la idea de la muerte cerebral de mi

s alumnos me resultó insoportable, sobre todo cuando esa muerte se desliza entre las dos grandes alegrías de la existencia, la de ser joven e inocente de toda culpa.

¡Médicos! No hace demasiado que os negabais a desinfectaros después de realizar las autopsias para atender a madres parturientas. Y ahora compruebo con horror que lo que hacéis es lavaros las manos… pero como Pilatos, ante los problemas de vuestros pacientes. El horror de la talidomida va a parecer poca cosa comparado con lo que se nos avecina. Que los médicos digan la verdad antes de que sea demasiado tarde.

Lo habría firmado: Ignaz Philipp Semmelweis, médico creador de la antisepsia.

Esta carta es un plagio de la que escribió Semmelweis cuando tras proponer a los médicos lavarse las manos después de realizar autopsias y antes de atender a las madres parturientas, recibió la humillación como toda respuesta (léete el cómic “el salvador de las madres” de esta mismo blog y llora de rabia). La carta, que le llevó directamente a ser ingresado en un psiquiátrico, decía así:

“Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho… ¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias…”

Gráfica que muestra el efecto de lavarse las manos sobre los fallecimientos por fiebre puerperal

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