comicreando, el libro

Todavía quedan unos pocos ejemplares de una lujosa edición en tapa dura única y numerada

Siempre habrá piezas que no encajen en los modelos que el ser humano elabore. Y la solución no pasa por hacer entrar esas piezas a martillazos, máxime cuando dichas ˝piezas” son estudiantes que han de crecer como personas. Nuestro actual modelo educativo clasifica por arbitrariedades como la edad o el orden alfabético; no nos debería extrañar que cada vez sean más los desajustes. Muchas luces que nos vienen de frente, deslumbrándonos, nos indican que vamos en el sentido contrario. Toca superar el vértigo y cambiar de paradigma. Lejos de la sospechosa eficacia de las pastillas y de los métodos milagrosos, Comicreando es un pequeño pero decidido paso en otra dirección. Utilizamos el lenguaje y la estética del cómic para enseñar contenidos de todas las áreas, desarrollar algunas de las competencias curriculares y educar en valores. Hacemos cómics. De casi cualquier asunto se puede hacer un cómic. En Comicreando nos planteamos un ambicioso reto educativo: colaborar al pleno desarrollo humano de nuestros estudiantes y motivarles para seguir aprendiendo gracias al papel protagonista que adoptan. Porque en un cómic, como en la vida real, si yo soy protagonista, decido yo.

Trabajo premiado por la FADFundación de Ayuda contra la Drogadicción, Acción Magistral y MEPMejora tu Escuela Pública

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Yo creo que mis gatos tienen sentimientos

(Prólogo de Para educar Comicreando)

Y como lo creo de verdad, me comporto con ellos de forma correcta, educada y cariñosa, aunque ellos siempre están a lo suyo: a cosas de gatos. Para los antiguos egipcios, los gatos ostentaban rango de divinidad. Una y otra vez me he encontrado a lo largo de mi vida con algo llamado “creencias”.

De muy pequeño, cuando agitar un manojo de llaves me hacía reír, creía que mi mamá era el ser más bello del mundo. Y un tiempo después dejaba muy claro a los párvulos con los que compartía siesta y pupitre, que mi papá era el más fuerte. Me hubiera venido bien creer más en mis propias posibilidades a los catorce años, y creo que para compensar esa injustificada desconfianza en mi yo adolescente, la mayor parte de mi vida me he creído un buen hijo, un buen marido, un buen padre, un buen amigo para mis amigos y un enemigo para nadie. Hubo un tiempo en el que flirteé con la idea de creer en un ser todopoderoso, alguien al que deber mi propia existencia y por consiguiente, alguien que dotara de sentido a mi vida.

He de confesar que no era una creencia de mi cosecha, no estaba dentro de mí como lo estaba la certeza de la infinita belleza de mi madre; era más bien una creencia “prestada”, algo que otros se empeñaron en que yo creyese. Porque para mí la vida tenía sentido siempre que no se acabaran las chucherías. Al principio, he de reconocer que la idea de Dios se dejaba creer. Pero pronto resultó muy difícil mantener una creencia con tantas contradiccione se inconsistencias.

Así que más pronto que tarde decidí no creer demasiado en seres todopoderosos, con la excepción de los héroes de la Marvel. Yo quería ser como Spiderman: científico, novio de Marie Jane y salvador de gente en apuros trepando por las paredes vestido de lycra. La creencia de que yo pudiera llegar a ser como Spiderman se fue esfumando y en su lugar se instaló la certeza de que nunca lo sería… al menos al cien por cien. ¿Y quién sabe? Hace relativamente poco tiempo, me di cuenta de que tampoco mi madre era la más guapa; vi que el mundo estaba lleno de personas tan guapas como mi madre. A veces no me he comportado como un buen padreo como un buen hijo, o como un buen amigo.

Pero en mí sigue firme la creencia de que lo soy; que tan solo es cuestión de mejorar, de fijarse uno mismo en lo que hace y contar también los fallos, no solo los aciertos. A mí, mis creencias me ayudan a ser más feliz, a vivir mejor con mi realidad. Y creo que es porque no me ha importado modificarlas con el devenir de los años, porque son como de plastilina. Son mías y son bonitas, merece la pena creer en ellas. Y además tengo muchas creencias, muchísimas. Y así, cuando alguna me falla, me olvido de ella y no pasa nada.7Durante estos años he conocido y me he relacionado con personas de creencias peligrosas, creencias que en el mejor de los casos quitan felicidad y dan a cambio sonrisa boba. Algunas de estas creencias, además de frustración y tristeza, pueden llevara la muerte o al asesinato.

En el momento de escribir estas líneas dos personas que creen que dibujar una cara se debe pagar con la muerte, han entrado “a saco” en la redacción de Charlie Hebdo, una satírica revista francesa, asesinando a todo su equipo de redacción. Sospecho que la creencia que les llevó a matar a esas personas tampoco era propia; seguramente también sería “prestada”, aprendida de alguien que les hizo creer que si cometían esa masacre serían buenas personas y ganarían el paraíso eterno.

Comicreando también habla de creencias. ¿Qué tipo de creencias? Creencias que no llevan a la felicidad.

Los cómics del Mago Kamelo muestran a chicos y chicas que han llegado a creer que a través de las drogas se puede cambiar la realidad, su realidad, incómoda o trágica, por una realidad alternativa más benévola. ¿Qué podemos decirles para evitar que se droguen? Igual no es momento de hablar sino de escucharles. Que sean ellos los que nos cuenten qué les sucede. El Mago Kamelo fue Mención de honor del premio a la Acción Magistral en 2011.

El Rey de la nariz colorada aborda la falsa creencia generalizada de que el alcohol no es una droga. En la película “Sospechosos habituales”(Bryan Singer, 1995) se dice: “el mejor truco del diablo, fue convencer al mundo de que él no existía.” Y el mayor problema del alcohol es que nuestros chicos y chicas piensan que no es una droga. En España el alcohol causa el 40% de los delitos y produce 10.000 muertos al año: 4.000 por cirrosis hepática, 2.000 por accidentes de tráfico, 400 por accidentes de trabajo, 400 suicidios, y otros 3.000por homicidios, reyertas, neumonías, accidentes domésticos, delirium tremens, caídas, etc.

Los cómics de Alice Alien, ambientados en un entorno de ciencia-ficción, sacan a la luz otro tipo de creencias de nuestros jóvenes muy nocivas, que son todas las relacionadas con una baja autoestima o, lo que es lo mismo, cómo sentirse menos que una chancleta. Alice Alien fue Mención de honor del premio Mejora tu Escuela Pública en 2012..

¿Qué son las Pseudociencias? Creer que tu cáncer se va a curar bebiendo agua con azúcar, asumir como inevitable tu fracaso profesional porque eres Géminis o creer que el cuerno de rinoceronte solucionará tus problemas de impotencia, no forman parte de la ciencia. Pero tampoco son ciencia el psicoanálisis, el análisis bursátil, la homeopatía… y ahí están. Aprender a distinguirlas de la ciencia verdadera nos hará más capaces y más libres.

Energía nuclear. Se dice que creer en ella exige más fe que cualquier otra creencia. Sus defensores llevan cien años prometiendo un futuro próspero, sin barreras y tecnológico para todos, pero solo se ha mostrado eficaz como arma de destrucción masiva. Después del último desastre a la horade escribir estas líneas, el de Fukushima, resulta triste comprobar que la primera víctima de un accidente nuclear sigue siendo la verdad; por esta razón y porque son contables y no científicos, los que deciden lo que hay que hacer y cómo, los accidentes nucleares continuarán sucediendo.

Evolución significa cambio, ni más ni menos. Si eres de los que piensas que un ser superior nos creó “ex nihilo” tal y como somos, no sabes qué te estás perdiendo. Te aseguro que en cuestiones que tengan que ver con la naturaleza, nadie ha imaginado jamás algo más bello que la propia realidad.

Son cuatro letras: TDAH. Si creemos que nuestro modelo educativo es perfecto (ordenar por fecha de nacimiento y orden alfabético), que como padres hemos hecho todo lo posible y que el verdadero problema es que nuestro hijo está enfermo… la enfermedad no existirá, pero la pastilla sí. Y sus efectos secundarios son muy perniciosos y reales. No es la primera vez que intentan colarnos las drogas en nuestro día a día.

El salvador de las madres. Trata de cuando los hombres y mujeres de ciencia se creen infalibles. Uno de los mayores errores que cometemos las personas es confundir músico con música, médico con medicina o científico con ciencia. Creer que lo sabemos todo es un error muy alejado de la realidad científica, porque en ciencia toda teoría nace con “fecha de caducidad”.

Mujeres de ciencia. ¿Dónde están? ¿Las conocías? Un libro muy antiguo afirma categóricamente quela mujer es inferior al hombre en todo, salvo en maldad. La “realidad ocultada” de las mujeres de ciencia va más allá de ver a quién ha beneficiado, y las consecuencias de la obstinación de ellas por reivindicar lo que les pertenece por derecho encaja con la definición de delito de lesa humanidad.

Guerra biológica. Cuando crees que tu modelo de sociedad es el mejor y que debe ser defendido e instaurado a cualquier precio, llega la guerra. “Si vis pacem, para bellum” Y dentro de esta, la guerra biológica muestra el lado más feo de los microorganismos. Como no sería justo dejar con tan mala fama a las bacterias, hongos, levaduras y virus, prometo solemnemente dibujar un cómic sobre el lado bueno de estos imprescindibles seres.

Newton, en reconocimiento a los sabios que le precedieron y de los que aprendió todo dijo en una ocasión “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”.

Yo, os lo confieso, soy más de equivocarme que de tener razón. No me importa rectificar ante un buen argumento y todos aquellos que han tenido el detalle de señalar mis errores, me han hecho entender mejor el mundo y lo que contiene. Así que, si he logrado comprender algo, ver algo un poco más lejos, ha sido porque personas como yo, de mi tamaño, me han aupado por encima de mis propios errores. Y les estoy, de todo corazón, agradecido.

Puedes creer que después de tu vida, cuando mueras, irás a un lugar donde te vas a encontrar con todos tus seres queridos, un lugar maravilloso. A veces quiero creer que así será y que volveré a encontrarme con Pato y con Jotaerre, dos amigos que perdí, y merendar y reírme con ellos como hacíamos cuando estábamos juntos. Esa creencia es reflejo de lo mucho que los echo de menos, me encantaría que así fuera pero, por si acaso falla, voy a estar con los amigos que me quedan: voy a vivir.

Soy profesor de ciencias, mi familia es mucho más interesante, bonita y divertida que la sosa de Mari Jane, y una nochevieja, con veinte años, me disfracé de Spiderman. Treinta años después, mis amigos todavía lloran de risa al recordarlo. Mis gatos Spok y Uhura siguen siendo más suyos que míos, pero yo lo prefiero así, creo que es mejor para todos que conserven su individualidad pese a que compartamos piso y comida. Y les tengo tanto afecto que jamás los dejaría al cuidado de ErwinSchrödinger.

Yo creo también en la enseñanza pública. Para ser más exactos, creo en una enseñanza para todas y todos por igual, que ofrezca oportunidades, no discrimine, integradora, diversa, plural, abierta y dispuesta a cambiar, sin dogmas. Y por último, pido disculpas en mi nombre y en el de Maite e Iñaki por los errores o inexactitudes que hayamos podido cometer a la hora de realizar este trabajo y que sin duda habrá, porque la infalibilidad no forma parte de nuestra forma de ser.

Yo creo que Comicreando va sobre las creencias. Pero solo lo creo.

 

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