El salvador de las madres

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Semmelweis, o el trágico destino de los héroes de verdad

 

La navaja de Ockham es un principio metodológicoy filosófico atribuido a Guillermo de Ockham (1280-1349), según el cual, «en igualdadde condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta». En ciencia, este principio se utiliza como una regla general para guiar a los científicos en el desarrollo de modelos teóricos, y no como un árbitro entre modelos. No se considera un principio irrefutable, y ciertamente no es un resultado científico. Pero seríamos mucho más felices y nuestra sociedad sería más justa, si un principio tan sencillo lo aplicáramos más a menudo en nuestro día a día.

Richard Dawkins sostiene que la mayor contribución que puede hacer la ciencia por el desarrollo cognitivo del ciudadano medio es que incorpore a su vida cotidiana lo que supone el experimento doble ciego, otra herramienta científica de primera magnitud. Con el experimento doble ciego, ese que nos permite eliminar de cualquier investigación elsesgo subjetivo, nos evitaríamos la totalidad de los timos pseudo-científicos, por ejemplo. En este curso hemos visto que, a veces, damos categoría de ciencia a algo que no lo es (pseudo-ciencias y creencias), y hemos visto qué sucede cuando cometemos el error de considerar, por ejemplo, a la Biblia como un texto científico. Todos conocemos históricos ataques furibundosa la razón desde el palco de la creencia. Y tambiénos he hablado de que la sinrazón hace extraños compañeros de viaje, como es el caso de la teoría de la evolución que, entre sus efectos más sorprendentes y no intencionados, está el de poner de acuerdo al Vaticano y al estalinismomás radical. (Caso Lysenko).

Lo que hoy tratamos no es un ataque a la ciencia desde extrañas orillas arcanas, sino desde la propia ciencia: más en concreto y aquí está la clave, desde las personas que practican la ciencia. En el caso de la historia sobre Semmelweis que vas a leer, te va a costar comprender cómo se comportaron muchas personas que allí salen con nombres y apellidos, ante las evidencias presentadas. Pero así fue. Resulta sorprendente en el ser humano la resistencia, por llamarlo de algún modo, a adoptar medidas y soluciones claras, sencillas y obvias, a problemas acuciantes y terribles. Pero si creesque eso es algo que pertenece al pasado, te equivocas.Los derechos de las mujeres siempre han sido negados a lo largo de la historia de la humanidad y ha habido que cogerlos, uno a uno y por la fuerza, pues los que los tenían secuestrados no estaban por la labor de restituirlos sin más. Se ha luchado, y se lucha, por derechostan básicos como la ciudadanía, el voto, la igualdad…

Pero, en mi humilde opinión, el desprecio más absoluto y execrable hacia la mujer a lo largo de la historia (y mira que hay bastante donde elegir) es el que se dio en la Europa del siglo XIX y que hoy vas a conocer. Estremece comprobar el nulo valor que dabana la vida de una madre en aquel no tan lejano siglo XIX. Que hubiera tasas de mortalidad post- parto del 90% parecía no incomodar en absoluto a la sociedad de la época. Si la madre moría, además, el niño quedaba huérfano porque el padre se desentendía del “paquete”. Esto hizo que los orfanatos fueran edificios cada vez más grandes y sobre-saturados, casi  icónicos, como algo que fotografiar o vender en forma de souvenir de Europa. Incluso la literatura de la época está influenciada por dicha situación, baste recordar Oliver Twist de Dickens, así como las obras de Balzac, Thackeray, Disraeli oGaldós, en los que la situación de abandono de los menores huérfanos está muy presente. Semmelweis no pudo soportarlo. En el lenguajede hoy, diríamos que  “se lo llevabanlos demonios”, que “le salía el bicho”, cada vez que, en plena noche, escuchaba el sonido de la campanilla que precedía al capellán para dar la extrema unción a otra mujer, a una madre inocente.

Él tenía la solución a todo ese horror, era obvia, barata y sencilla de aplicar. Hay quienes conjeturan que el desinterés por los descubrimientos irrefutables de Semmelweis se agravó por dos causas: morían mujeres, no hombres, y en cumplimiento de la orden de parir con dolor (Génesis 3:16), y que los médicos consideraban ofensivo la insinuación de que eran sucios. Su obra, publicada en 1860, ”De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal”, es un extraordinario ejemplo de observación metódica, raciocinio y reflexión, además de uno de los más auténticos casos de compromiso personal con la vocación de médico. Y lo que hoy nos parece tan evidente, representó en su momento un cambio de visión asimilado por casi nadie. Más adelantada la segunda mitad del sigloXIX, Pasteur y Koch, aclararán finalmente los postulados básicos de la enfermedad como producto de la infección bacteriana. La importancia del aporte de Semmelweis a la obstetricia no ha sido aún superado siquiera por los avances de las nuevas tecnologías genéticas de los últimos años del siglo XX y XXI. Los héroes verdaderos no llevan espada, no se llaman Sigfrido, ni corren detrás de un balón: son personas como Ignaz Phillipp Semmelweis:

“El deber más alto de la medicina es salvar la vida humana amenazada, y es en la rama de la obstetricia donde este deber es más obvio”

 

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