Cómo se crea un califato

 
Un pequeño adelanto de “Educar sin drogas”, el nuevo libro-cómic de Popi

ASí NACE UN CALIFATO, paso a paso: 1. Alguien accede a la dirección de un centro casi por sorteo, como un favor, porque nadie parece decidirse. Todo son buenas palabras y el personal está ilusionado. 2. Pero no todo el mundo vale para todo y el centro es un desastre. “Bastante hago, que nadie quería y yo me sacrifiqué”. En lugar de rectificar y tocar retirada, se huye hacia adelante porque en algunas personas el poder, aunque sea un poquito, les atrae de tal modo que no pueden dejar de mirarlo. Pero ya no cuenta con la ayuda de antiguos compañeros, así que si desea perpetuarse tendrá que utilizar paracaidistas. 3. La candidata se atrinchera, se bunkeriza, no se relaciona con nadie del claustro, ni siquiera con su equipo de “paracas” que la temen. Así se funda el califato y pasa los días poniendo sus vistas en cotas más elevadas, utilizando el instituto como un trampolín ¿Hasta cuándo? Hasta que encuentre algo mejor, algo más beneficioso para ella… y salte.

Una persona que ocupa un cargo por hacer el favor no se siente obligada a nada. Y nada es lo que hace. Piensa en pequeño y deduce que lo ideal es no meterse en líos y rellenar el papeleo. Pero pronto llegan los sueldos con ese plus que no es muy grande, pero que en determinados centros de gran tamaño sí lo es y…  ¡menos da una piedra!

Y el dinero no lo es todo, porque una elusión de la responsabilidad de la docencia unida a un horario de ensueño también tiene su tirón. Y luego están los puntos que sumar a tu expediente por ocupar cargo, por no hablar de que entre estar a dos kilómetros de tu casa o a doscientos, hay una gran diferencia.

En definitiva, hacer proyectos de dirección no parece ser la tendencia, se tira más por los apaños personales y particulares. Y pasa que te acostumbras a esa vida con cierto poder caída del cielo y no quieres que nadie venga y te la cambie pese a que tú no hayas hecho nada por merecerla.

Te haces fuerte y hostil a toda posibilidad de cambio, mientras pasan los años y tú sigues dirigiendo desde una cómoda interinidad que a nada compromete. En los los califatos, las personas llevan tantos años ocupando cargos públicos que se tiene la impresión de que cuando se retiren, alguno de sus hijos ocupará su lugar.

Y la administración, que se supone que está a cosas más importantes como elegir el tamaño de la bandera, te renueva año tras año siempre y cuando no le molestes.

Es lo que se conoce en la jerga como “no hacer ruido”, que traducido significa no les pidas dinero para nada, no les pidas nada de nada. Porque llamar la atención está prohibido si vives en un califato. Una de las pistas que te pueden llevar a deducir que un centro está dirigido por un califato es que ahí nada se arregla, los ordenadores son comprados en desguaces al peso, la calefacción brilla por su ausencia, y un largo etcétera de carencias que no se subsanan para que en el Caribe, así es como llamamos los docentes al departamento de educación, la existencia del instituto pase desapercibida.

Desde la óptica de un califato se puede entender que un “ruidoso” grupo de convivencia sea un peligro porque les da visibilidad. Para el que se esconde o intenta pasar inadvertido los flashes y los micros, cuanto más lejos mejor.

Trabajar en un centro dominado por un califato también tiene grandes ventajas para nosotros  el profesorado raso, para jefes de departamento y para tutores, todos sacamos algo. Los califas no hacen nada pero a cambio, y aquí te muestro un segundo indicio, no piden nada. En las CCP se habla pero no se hace, hay un control relativo de asistencia a claustros y evaluaciones e incluso los departamentos no se entregan ni programaciones ni memoria final.

En un instituto, el equipo directivo estuvo más de cinco años sin entregar la PGA (Programación General Anual), documento que es obligatorio entregar cada año. Si no sacan tiempo para hacer el papeleo, ¿cómo van a fijarse de lo que entra por la puerta?

Sí, ya sé que te preguntarás cómo no actuó inspección. Yo también me lo pregunto.

Siendo pequeño, tan egoísta, mirando solo por uno mismo y ocupando puestos que te vienen grandes inmerecidamente, es como se llega a la actual situación donde hay unas drogas y unas actitudes demasiado imbricadas en el sistema educativo.

Los centros podrían llegar a funcionan solos, simplemente dejando hacer a los docentes, porque los institutos son empresas con el cien por cien de sus trabajadores muy cualificados. En el aula se trabaja pese a quien pese, hagan lo que nos hagan, porque el docente es el que decide. No necesitamos una dirección de puertas para adentro del aula.

Para lo que debe servir una dirección es para que aquello que sucede de puerta del aula hacia afuera no nos acabe perjudicando. Que no entre en nuestro sistema lo que no tiene que entrar. Se necesita una barrera selectiva, permeable a lo bueno e intratable con lo pernicioso. Y esa barrera no ha existido, nadie la ha puesto porque cada uno estábamos a lo nuestro.

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